Las 13 Rosas, contadas desde la voz de una superviviente

Y concretamente, la de La Peque, Carmen Cuesta Rodríguez, la superviviente de las jóvenes republicanas conocidas históricamente como Las Trece Rosas, quien compartió prisión con sus amigas en la Cárcel de Ventas.

La obra nos lleva hasta un juicio que despierta los recuerdos de la protagonista. A través de ellos conocemos a las jóvenes que le dejaron un encargo antes de morir: que sus nombres no se borraran de la historia. Una historia de amistad, sororidad y esperanza que habla de la muerte, pero también de las ganas de vivir.

Sobre el escenario, Doblas está acompañada por un coro de actrices que da voz a las amigas de Carmen y a los personajes que pueblan sus recuerdos. La puesta en escena se apoya en el sonido, la música y la iluminación para construir los distintos espacios, con apenas elementos de atrezzo. Una propuesta sencilla en lo visual, pero muy efectiva a la hora de envolver al público en el relato.

La función emociona y deja un poso amargo por la dureza de lo que cuenta, aunque también tiene momentos de humor y ligereza que hacen que la historia avance con naturalidad. En mi caso, salí conmovida por la interpretación y por la manera en que todo el equipo consigue sostener una historia tan dolorosa. La sensación, además, fue compartida: el público recibió la obra con una calurosa acogida.

No faltó siquiera un guiño a Maricarmen (en la función del día 8 de octubre), cuya reciente muerte había vuelto a poner el debate sobre la vivienda en el centro de la conversación pública, esta vez con un desasosiego difícil de igualar.

Este trabajo es una invitación a recordar y a escuchar a quienes la historia dejó en segundo plano y puede verse los próximos 7 de noviembre y 8 de diciembre.