Un ole por la Nazionale

No soy forofa, ni muy simpatizante del calcio, y menos en estos días de escándalos de corrupción, fraude y apuestas, pero he de admitir que me ha gustado, y mucho, el gesto que ha tenido hoy la Nazionale en Cracovia.

Su visita al campo de concentración de Auschwitz, más allá de ser un lavado de imagen o una operación de marketing, es muy significativa, ya que contribuye a separar, de una vez por todas, el fútbol y el racismo.

De hecho, día sí y otro también, los tifosi utilizan como insulto fácil el de abuchear a los jugadores extranjeros.

Dirigentes y futbolistas italianos, al igual que los alemanes, han visitado ese símbolo de la monstruosidad humana, ese lugar de la locura nazi. El capitán de la selección italiana, Buffon, ha puesto una corona de flores blanco-rojo-verdes en el lugar donde venían ejecutadas las condenas a muerte.

Este último gesto cobra aún más importancia, si cabe, ya que hace unos años el portero protagonizó una polémica por lucir durante un partido una camiseta con la frase “Boia chi molla”, que en italiano significa literalmente “verdugo (asesino) el que abandona (la lucha)”.

La expresión es propia de la militancia fascista y hoy en día la utilizan grupos de tifosi de extrema derecha de algunos equipos de fútbol italianos.

Buffon en aquella ocasión pidió disculpas, diciendo que desconocía el origen de aquel lema. Es el caso de decir que “el camino se demuestra andando”.

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