La tragedia griega está de actualidad

Y no nos referimos a la crisis económica griega, sino a dos obras de la cartelera teatral madrileña que hacen el guiño a ese género: La esclava de Andrómaca de la compañía La Saraghina de Stalker y Antígona de Rubén Ochandiano, inspirada en la versión de Jean Anouilh de 1942.

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Podemos ver la primera en la Sala Triángulo (C/ Zurita, 20) del 24 al 26 de enero. La esclava de Andrómaca (un personaje sin nombre en la obra de Eurípides), acude a su antigua señora para prevenir el apoyo y asesinato de su hijo, poniendo su vida en juego. El personaje abandonará su historia para establecer un diálogo abierto al público, tratando de descubrir para que representamos durante más de dos milenios las mismas obras, para que asistimos a los espectáculos, qué responsabilidad tienen los que inventan las ficciones, quienes las cuentan y el público que las recibimos. Preguntarse para qué se hace teatro equivale a preguntarse para qué vivimos. Las más salvajes atrocidades, así como las más geniales proezas, se repiten con la misma asiduidad que las tragedias y las comedias sobre los escenarios y otros espacios. Andrómaca es una historia sobre la supervivencia, el sacrificio, la envidia, la justicia, el amor, el poder, los estragos de la guerra y la omnipotencia del deseo.

Por su parte, Rubén Ochandiano estrena su Antígona el día 6 febrero en las Naves del Español en Matadero (Paseo de la Chopera, 14). Interpretado por Najwa Nimri, es un personaje atemporal, desgarrador, lleno de emoción y ternura, que representa la lucha de la justicia ante las leyes opresivas y un canto a la libertad.

Esta versión de la tragedia comienza al término de una guerra civil que, accidentalmente, ha llevado a Creón (Rubén Ochandiano) al poder. Nos encontramos un país lleno de deudas y liderado por un gobernante que, además de subir los impuestos, ha establecido una serie de leyes absurdas e inhumanas. Quedan inmutadas la carga política, la poesía y la violencia del texto de Anouilh, que ambientó la historia durante la ocupación alemana de Francia en la Segunda Guerra Mundial.

Un carromato de freaks, que se exhibe de lugar en lugar, irrumpe en escena. Los insurgentes pretenden poner ante la platea un espejo y proponer un juego de teatro movilizador.

“Antígona es un canto a la vida, un grito, el primer acto creador de libertad de un ser humano que decide plantar cara al poder establecido (sea éste la familia, el entorno más cercano o el mismísimo presidente de la nación) y tratar de ser él mismo”, en palabras de Ochandiano.

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