Cuando la moda es arte

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Cuando la moda es arte sobrevive a las tendencias pasajeras y llena los museos. Y este mes de octubre tenemos el placer de poder visitar dos exposiciones dedicadas a dos artistas de la costura. Por un lado, XV años sin Gianni se despide del Museo del Traje (Av. De Juan Herrera, 2) el domingo 28 de octubre y por el otro, las creaciones de Jean Pual Gaultier acaban de instalarse en la Fundación Mapfre (Paseo de Recoletos, 23, en Madrid) y se quedarán allí hasta el próximo 6 de enero.

Jean Paul Gaultier. Universo de la moda: de la calle a las estrellas gira en torno a la calle como fuente de inspiración y también como objetivo del modista francés. Lo que desfila en las pasarelas tiene que “vestir, vivirse y verse”. Y así ha sido. ¿Acaso no están en el imaginario de todos las camisas de rallas o los corsés?

La exposición, producida por el Musée des Beaux-Arts de Montréal (donde tuve el privilegio de verla por primera vez), es una instalación contemporánea de 110 modelos de alta costura y prèt-a-porter.

Más de 50 bocetos, piezas audiovisuales, extractos de desfiles y primeros diseños o fotografías, obras inéditas, así como piezas de vestuario cinematográfico. De hecho, Gaultier ha colaborado en La piel que habito, Kika o La mala educación, entre otras películas.

El “enfant terrible” de la moda sabe fusionar la alta costura con el prè-a-porter.

Su colección de vírgenes o de marineros, sus estrambóticos corsés, sus creaciones de piel, sus locuras con la tour Eiffel, sus pinceladas punk o étnicas han vestido tanto a las tops como a la gente de la calle.

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Hablando de tops, tenemos que hablar de otro ícono de la moda, Gianni Versace. Naomi, Claudia, Linda, Cindy, y Carla fueron sus musas por excelencia. El Museo del Traje le dedica una muestra, con motivo del decimoquinto aniversario de su muerte.

21 piezas de indumentaria, acompañadas de 11 esculturas cedidas por el Museo Nacional de Escultura de Valladolid, que reproducen renombradas obras del arte clásico. Estas últimas dialogan con las prendas para evidenciar el parentesco formal y conceptual entre dos mundos aparentemente tan diferentes.

Versace consiguió armonizar dos extremos que se resistían a encontrarse, lo popular y la alta cultura. Por ejemplo, estampó en la tela vaquera la más ostentosa de las decoraciones, combinando motivos de origen clásico, con conchas y estrellas de mar. Amante de la belleza y la historia, Versace es lógico receptor de la forma y el concepto de la orfebrería bizantina.

Cuanto a sus piezas masculinas, liberó al hombre de las constricciones habituales para llegar al decorativismo alegre y desenfadado de los 90. Residir en Miami supuso un nuevo giro en su percepción de vestir respecto al color con tonos fluorescentes y estampados inconfundibles. Su moda masculina se contagia del ambiente gay de Miami sin perder el aire latino que rodea toda la obra del estilista italiano.

Gaultier y Versace, dos artistas de la pasarela. ¿Creéis que cualquier estilista es capaz de sobrevivir a las modas pasajeras?

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