No Fucking Way y Síndrome Musical, el off que nos gusta

No os vamos a engañar, aceptamos cada vez más con reticencia las invitaciones para ir a ver obras del llamado circuito off, pero resulta que la semana pasada estábamos de enhorabuena, vimos dos y nos gustaron (tanto para recomendarlas) las dos. Una se presenta en la Sala Intemperie, en el barrio de Malasaña, la otra en el Teatro Musical Impro, en Carabanchel.

En la primera, No Fucking Way, de estilo estadounidense, por la música, los protagonistas y los ambientes donde se desarrolla, se entremezclan tres historias de policías, prostitutas, clientes, periodistas y crímenes. Tras un asesinato cometido en un prostíbulo asoman ocho personajes que se encuentran atados a situaciones sin salida: Lena, Maggie y Jack acaban enredados en un crimen, Pevensey y Forbes intentan resolverlo, Robert pasaba por allí y preferiría que Barbara no se enterase, Anna está dispuesta a publicarlo todo. Como telón de fondo está la jukebox emocional de todos. Estas tres historias conectadas se escenifican en un orden aleatorio, diferente en cada función. Porque todos los juegos deben tener su riesgo y todo puede cambiar en un segundo. O no.

¿Por qué te la recomendamos? Porque es entretenida y el tiempo pasa volando, y los tres actores lo hacen muy bien.

La segunda, Síndrome Musical es una obra musical (de teatro y música, como la define su autor, Raúl Beatmac) cómica y con ciertos tintes absurdos, que trata del amor y odio que tenemos hoy día con la tecnología. Debido a una extraña enfermedad, la gente vive la vida como si estuviera en el medio de una obra de teatro musical, las personas se van contagiando poco a poco entre ellas, a través de las tablets, los móviles, las redes sociales y los demás artilugios y apps tecnológicos de la era moderna – donde sabemos de todo y no nos enteramos de nada – que se os vayan ocurriendo… Los enfermos conviven con los sanos en una suerte metateatral confusa.

Creemos que no puede faltar en tu listado de obras de teatro alternativo por su absurdez, porque consigue darle la vuelta al género del teatro musical.

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