Turín, esa ilustre desconocida

Roma, Milán, Florencia, Venecia, Nápoles… Suelen ser las ciudades símbolo de Italia, las que todo el mundo baraja como destino cuando planea un viaje a la península. Pero, como buena embajadora de la cultura italiana que soy, me apetece ampliar este abanico de posibilidades. ¿Qué tal una escapada a Turín?

Prepara tu viaje

Lo primero que hay que hacer es reservar un vuelo y, al poder ser, barato. Os recomiendo Skyscanner, que suele darme buenos resultados o Vueling, que también viaja a Turín y dispone de tarifas muy competitivas.

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Qué ver

Una vez aterrizados en la antigua capital del Reino Italiano, iremos planificando nuestro paseo por los lugares de interés turístico imprescindibles. La Mole Antonelliana es uno de ellos. Este proyecto de Alessandro Antonelli fue uno de los símbolos elegidos para representar el euro italiano. Es de extrema importancia tanto por su originalidad estructural (167 m. de altura) como por su funcionalidad, flexibilidad y economía. Es la sede del nuevo Museo Nacional del Cine y un ascensor nos permite acceder a la aguja durante todo el año.

La mayoría de los monumentos se concentra en la Piazza Castello. En su centro está situado Palazzo Madama, el castillo medieval de viejas puertas romanas, después reestructurado con la imponente fachada del setecientos de Juvarra. A la plaza se asoman el Palacio Real, el Teatro Regio, el Palacio della Giunta Regionale, de la Prefectura, de la Secretaría, la Armería y la Biblioteca Real (que alberga obras de Leonardo da Vinci).

La Basilica di Superga está un poco más alejada del centro, pero merece la pena verla. Situada en uno de los puntos más altos y panorámicos de la colina, es la obra más importante del arquitecto mesinés, Filippo Juvarra. El gran mausoleo construido en sus sótanos alberga sepulturas de los restos del rey de los Saboya Vittorio Amadeo II y Carlos Alberto y numerosos príncipes de la casa de los Saboya.

La catedral es otra parada imprescindible, ya que la capilla de cúpula barroca conserva la vitrina de plata que contiene la Sábana Santa, la preciosa reliquia que se dice que contiene la sábana que envolvió el cuerpo de Cristo.

Dos museos ‘de guinness’

El Museo Egipcio de Turín (Via Accademia delle Scienze, 6) es uno de los más importantes en el mundo. El pequeño complejo del Templo de Ellesija, La Tela de lino (4300-3700 a.C.), la Tumba de Kha y Merit (2400 a.C.), el papiro real (1292-1186 a.C.), la estatua del Rey Ramsés II (1279-1213 a.C.), o las estatuas monumentales que retraen algunos de los faraones más prestigiosos y las divinidades Ptah, Amón, Hathor y Sekhmet son sólo algunas de las joyas que podemos ver en este fascinante recorrido.

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Situado en la Mole Antonelliana (Via Montebello, 20), tal y como os adelantábamos, el Museo Nacional de Cine cautiva al visitante por su planteamiento expositivo. Desde que ponemos pie en el edificio, somos espectadores, a la vez que actores y directores.

En una primera parte, teatros de sombras, cajas ópticas y linternas mágicas nos ilustran los comienzos del séptimo arte. En una suerte de paseo interactivo dialogamos con las obras expuestas, también a través del tacto, para que parte de la exhibición sea accesible a los invidentes.

Una vez llegados al Aula del Templo, no podremos resistirnos a sentarnos en los cómodos sillones ubicados en el centro. Desde allí podemos ver, en dos grandes pantallas, diferentes escenas simbólicas de la cinematografía internacional, agrupadas por temáticas. Sin duda, un trabajo de investigación y montaje espectacular.

Alrededor de la sala se encuentran escenografías inspiradas en géneros cinematográficos y películas cult. A los españoles os interesará saber que hay una sala dedicada a El fantasma de la libertad de Buñuel, donde, al igual que en el film, podemos sentarnos en sillas-retretes.

Una galería de carteles de cine, una exhibición temporal y una sección pedagógica sobre los secretos de realización de un largometraje complementan este interesante recorrido por el séptimo arte.

Qué comer

No podemos dejar Turín sin haber probado su plato típico: la bagna cauda. Se suele servir en un recipiente de terracota y lleva salsa de aceite de nuez, dientes de ajos triturados, pasta de anchoas saladas, todo tipo de vegetales (cardos, remolachas, col lombarda, patatas, pimientos), cebollas cocidas al horno, trozos de pan y tostadas.

Además, en la patria del gianduiotto, tenemos que tomar un chocolate a la taza o comprar una caja de bombones artesanales.

Qué comprar

En Turín tiene lugar también una de las ferias de libro más prestigiosas de Europa, por lo que encontraréis muchas librerías especializadas en todo tipo de géneros literarios (infantil, comics, ilustraciones, etc.). Llevaros un libro como souvenir podría ser una buena idea para practicar italiano.

Casi se nos olvida… ¡No dejéis de dar un paseo por el Río Po!

¿Barajaréis Turín cuando planeéis vuestro próximo viaje a Italia?

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