Picona: un bar de los de antes con el sello de Mario Céspedes 

En una ciudad donde cada vez resulta más difícil comer bien sin disparar el ticket, proyectos como este se agradecen. Los responsables de algunos de los peruanos más destacados de Madrid cambian ahora de registro para mirar directamente a la cocina tradicional española. Y lo hacen sin artificios ni reinterpretaciones innecesarias, con una idea clara: recuperar el placer de compartir platos reconocibles alrededor de la mesa.

Ubicado a pocos metros de Ronda 14, otro de los locales del grupo, este nuevo espacio mezcla el espíritu de bar castizo con una propuesta muy pensada para el picoteo continuo. La decoración, con guiños al arte contemporáneo, cuadros inspirados en Basquiat, plantas y paredes de ladrillo visto, aporta personalidad a un ambiente tan animado como acogedor. Barra, cañas, medias raciones y cocina de siempre ejecutada con oficio. 

Durante nuestra experiencia probamos unas impecables croquetas de jamón, cremosas y llenas de sabor, seguidas de unos puerros confitados con almendras que demuestran cómo un plato aparentemente sencillo puede convertirse en uno de los grandes aciertos de la carta. También probamos el tartar de atún rojo con huevo frito, donde el producto manda y el conjunto funciona con equilibrio.

Entre los principales, destacan los chipirones con lentejas y coliflor, uno de esos platos originales a la par que reconfortantes y llenos de matices que conectan directamente con la cocina de casa. Y, por supuesto, el gran protagonista de la carta: el cachopo, elaborado en homenaje a las raíces asturianas de Conchi Álvarez (responsable del proyecto junto con Mario Céspedes) y servido en su versión más clásica, con ternera, jamón y queso.

El final dulce llega con una tarta de queso cremosa y bien afinada que pone el broche perfecto.

Aunque acaba de aterrizar en Madrid, todo apunta a que este nuevo proyecto está destinado a convertirse en otra de las mesas imprescindibles de la ciudad.