Madrid es pop

Este verano, Madrid es pop. Dos de las principales pinacotecas madrileñas, el Museo Thyssen (Paseo del Prado, 8) y el Museo Reina Sofía (C/ Santa Isabel, 52) coinciden en la temática de las temporales que ofrecen durante la estación estival, si bien desde perspectivas diferentes.

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Mitos del pop “otorga al pop europeo el estatus que se merece, para dialogar de tú a tú con la corriente americana”, afirma Guillermo Solana, director del Thyssen. De hecho, su comisaria, Paloma Alarcó, Jefe de Conservación de Pintura Moderna del Museo Thyssen, incluye tanto la experiencia pionera del pop británico como el pop clásico norteamericano y su expansión por Europa, a través de más de cien obras.

En esta exposición de “tremendo impacto visual”, según la define Solana, se pretende mostrar que las míticas imágenes de artistas tan significativos como Warhol, Rauschenberg, Wesselmann, Lichtenstein, Hockney, Hamilton o Equipo Crónica, entre otros muchos, esconden un irónico y novedoso código de percepción de la realidad, un código que aún sigue vigente en el arte de nuestros días.

Alarcó propone enlazar el pop con la tradición de la pintura. El recorrido temático está organizando en diferentes salas dedicadas a los géneros clásicos del retrato, la naturaleza muerta, la pintura de historia o el paisaje y su relación con el arte pop. En ella, encontramos artistas norteamericanos, británicos, españoles, italianos, alemanes o franceses.

Collage, publicidad, cómic, emblemas y mitos componen este recorrido en el que dialogan la historia del arte y el pop.

Cabeza renacentista de Hockney, versión pop de un característico retrato de perfil del siglo XV; la interpretación de Alain Jacquet del Almuerzo campestre de Manet; Vestido bajando la escalera de Eduardo Arroyo, parodiando a Duchamp; Hombre en un museo de Hockney o Joven con lágrima II de Lichtenstein son sólo algunos de los ejemplos de este deseo del pop de ‘versionar’ a los grandes.

Muchas de las obras de arte pop son en realidad una reinterpretación del bodegón. Los objetos invaden el espacio, están en los productos de consumo, en las imágenes de las revistas, en la publicidad…, y el objeto se convierte en un signo de comunicación. Lo que en el bodegón tradicional era un espacio doméstico privado y en el de las vanguardias una composición artificial compuesta por el artista en su estudio, se convierte en el pop en un espacio comercial y público: Taza de café de Lichtenstein o Tortitas y salchichas de Claes Oldenburg, son solo algunos de los magníficos ejemplos reunidos en la sala, que muestran hasta qué punto el arte pop hizo visibles los objetos y símbolos de la cultura de consumo, elevándolos a la categoría de iconos de la vida moderna.

Los mitos

Los artistas del pop fueron precursores en detectar la importancia del papel de la celebrity en la nuestra cultura contemporánea. El italiano Mimmo Rotella nos muestra a Liz Taylor como reina del Nilo en Cleopatra; Ray Johnson, uno de los primeros en introducir a las estrellas de la música y el cine en unos pequeños collages que realizo en los años 1950, inmortaliza a Marlon Brando o a James Dean. Por su parte, los artistas británicos crearon sus propios mitos como The Beatles (The 1962 Beatles, de Blake) o The Rolling Stones (Liberación, de Hamilton).

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En el caso de Marilyn Monroe en blanco y negro (Veinticinco Marilyns de Warhol), la permanente repetición de la imagen potencia aún más la figura del mito, convirtiéndolo en motivo de veneración, al igual que “un ícono medieval de veneración religiosa”, precisa Alarcó. Nacía así la sociedad mitómana en la que vivimos hoy día.

“Su novedosa fórmula para analizar el universo secularizado de la contemporaneidad a través de nuevos modos de representación sigue aún vigente en el arte de nuestros días, podríamos afirmar que el pop, la tendencia artística que más se preocupó por los mitos modernos, terminó convirtiéndose en un mito en sí mismo”, añade Alarcó.

En opinión de Thomas Crow (crítico de arte norteamericano), “las obras de las que nos hemos ocupado en este trabajo siguen estando tan frescas para los que las conocen por primera vez como el día en que se crearon”.

Nada es lo que parece

Mitos del pop quiere mostrarnos el arte pop más allá de Warhol y más allá de su apariencia. De hecho, comenta Paloma Alarcó: “En el pop, nada es lo que parece”. Todo está lleno de metáforas y alegorías.

Aunque a simple vista las obras de Roy Lichtenstein parecen simples viñetas agrandadas, al ser analizadas detenidamente, observamos un personalísimo retrato de la nueva América. Siempre en Lichtenstein, detectamos la irrupción del erotismo en el cómic; en David Hockney, las imágenes homoeróticas; en la obra de Pauline Boty notamos la visión de la sexualidad femenina desde el punto de vista de la mujer; y en el alemán Gerhard Richter, la banalidad de las apariencias en las imágenes publicitarias.

Aunque para muchos Andy Warhol mató la pintura, en realidad el artista absorbió en ella la cultura de masa. Fue un verdadero cronista de su tiempo: la llegada del hombre a la Luna, o el asesinato de Kennedy a través de la imagen de su viuda, Jackie, son algunos de los ejemplos reunidos en la sala.

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En Las Meninas de Equipo crónica (La Salita) vemos una ácida crítica política; en la pintura de Eduardo Arroyo del Equipo Realidad encontramos un ataque irónico al sistema y a la amnesia histórica que se vivía en España durante el franquismo; mientras El abrazo de Juan Genovés se convierte en la imagen por excelencia de la amnistía y símbolo de la transición española.

En la estética pop percibimos también el patriotismo que desencadenó la voluntad de reforzar la identidad americana durante la posguerra o el precario equilibrio del mundo.

Los orígenes del pop

A pesar de lo que podamos creer, el término pop no tiene nada a que ver con la música y los artistas fetiches del género. El pop aparece a finales de los años 1950 y comienzos de los 60 y conquista tanto el gran público como los círculos intelectuales. Su principal fundamento es que todo objeto es susceptible de convertirse en arte y su verdadero propósito, que el tiempo ha demostrado que logró, era ofrecer una nueva interpretación de la imagen de la cultura contemporánea.

La palabra pop data de 1956, año en que Richard Hamilton crea el collage, ¿Qué es lo que hace que los hogares de hoy sean tan diferentes y tan atractivos? Hamilton, un año después, lo define como un arte “popular, efímero, prescindible, barato, producido en serie, joven, ingenioso, sexy, divertido, glamoroso y un gran negocio”, en una carta dirigida a sus compañeros de grupo.

En el collage, un culturista sujeta un enorme chupachup con la palabra POP (un fragmento de la marca de caramelos American Tootsie Roll Pop), delante de una chica pin-up en un sofá, en un hogar moderno de revista americana. De hecho, la exposición del Thyssen empieza su recorrido con una versión de 1992 de este collage.

Según los historiadores de arte, con los collages de Hamilton y el escocés Eduardo Paolozzi queda inaugurado el arte pop. Habrá que esperar hasta los primeros años de la década siguiente para conocer los primeros pases de esta corriente en Estados Unidos.

El pop se nutre de la cultura de masa (medios de comunicación, publicidad, auge de la clase media, consumismo), que se convierte en un torrente de ideas visuales para los artistas de esta corriente.

Actividades complementarias

Del 9 al 11 de julio se celebra un encuentro para debatir sobre los temas planteados en la exposición dirigido por Paloma Alarcó, y que cuenta con la participación de profesionales del sector, entre los que se encuentran Guillermo Solana, Francisco Calvo Serraller, Tomàs Llorens, Valeriano Bozal, Thomas Crow, Bernardo Pinto de Almeida o Darío Villalba.

Los sábados de junio a septiembre tiene lugar un ciclo de cine que incluye largometrajes vinculados al movimiento pop, como Rebelde sin causa, Salvaje o Planeta prohibido. Las proyecciones son en versión original y con acceso libre hasta completar el aforo.

Durante el verano se celebran también varias actuaciones musicales relacionadas con la exposición con libre acceso. Y como novedad absoluta, la muestra cuenta con un cómic. Bitch, la joven grafitera creada por Miguel Angel Martín, se pasea con un amigo por la exposición, pero, cuidado, ¡no se trata de una guía de la exposición!

Su presentación es el martes 17 de junio, a las 20.00 horas, en la terraza e intervienen Luis Alberto de Cuenca y Miguel Angel Martín.

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Richard Hamilton en el Museo Reina Sofía

El Reina Sofía dedica una gran retrospectiva a Richard Hamilton, el padre del Pop Art, tay como os hemos destacado. La de esta pinacoteca constituye la exposición más completa de todas las celebradas hasta la fecha. En ella se reúne más de 250 obras producidas entre 1949 y 2010, que muestran su interés por la cultura de masas y el diseño gráfico expresado en una amplia gama de medios, incluyendo pinturas, fotografías, dibujos y grabados hasta obras creadas a partir de su experimentación con imágenes generadas por ordenador y colaboraciones con otros artistas.

Un amplio recorrido que ofrece un examen en profundidad de muchos aspectos de la obra de Hamilton, incluyendo además, la exhibición de varias instalaciones como This is Tomorrow; an Exhibit; Man Machine and Motion o su primera instalación-exposición, Growth and Form, presentada en el ICA de Londres en 1951 y reconstruida por primera vez con motivo de esta retrospectiva.

Información práctica

Richard Hamilton en el Museo Reina Sofía puede verse del 26 de junio al 13 de octubre. Mientras que, Mitos del Pop abre sus puertas del 10 de junio al 14 de septiembre. Según comentó Guillermo Solana en la presentación, el Thyssen está barajando la opción de prolongar la muestra, para hacerla coincidir con la fecha de finalización de la del Reina Sofía.

Se ha creado una entrada conjunta, al precio de 13 euros, con la que puedes acceder a ambas muestras. Otra opción es comprar la entrada del Thyssen y ver la del Reina durante los horarios o días de entrada gratuita (de lunes a sábado de 19 a 21 horas y los domingos de 15 a 19 horas, 12 de octubre).

Para el Thyssen, tenéis que elegir el día y hora concretos de visita, mientras que para el Reina Sofía no es necesario. Las entradas pueden comprarse en las taquillas de los museos o a través de los respectivos servicios de venta on line y telefónica.

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